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sábado, 22 de diciembre de 2007

El niño que movilizó a todo su pueblo


Toñín Ordóñez tiene 4 años y cáncer. Fabero, un pueblo de León, su localidad natal, se ha volcado con él para ayudarle y que pueda pagar un tratamiento en la Clínica Universitaria de Navarra

MARI Flor López Aneiros asegura que le tiene una guardada al destino. Esta mujer de 45 años oriunda de Fabero, un pueblo de 4.000 habitantes en León, ha enterrado a cuatro de sus ocho hijos. El primero murió con tres meses de edad a causa de la tos ferina en 1978. Seis años después, en 1984, una cocina de butano cayó sobre su hija de 19 meses. La conmoción provocó que el hijo que esperaba muriera.
La desgracias continuaron cuando otra de sus hijas, Aurora, murió en un accidente de tráfico a los 16 años de edad. Y ahora, el destino ha hecho que le toque ver cómo Toñín, su hijo de 4 años, se apaga como una vela por culpa de un cáncer cerebral, un meduloblastoma. "Si tengo que bajar hasta el fondo de la tierra para salvar a mi hijo, lo haré", dice.

Ella y Antonio Ordóñez Freire, su marido, un ex-minero prejubilado de 49 años, llegaron la semana pasada a la Clínica Universitaria de Navarra para intentar detener el cáncer de Toñín.

"Todos con Toñín"

"Tu hijo tiene cáncer", le comunicó un médico a Mari Flor López en el Hospital de Ponferrada. A partir de este momento la vida de esta leonesa y de su marido se transformó en una batalla encarnizada contra el cáncer de su hijo. El tratamiento comenzó en la sexta planta del Hospital de La Paz, en Madrid. Pero después de operaciones, quimioterapia y radioterapia, los médicos dijeron a los padres que el cáncer se había desarrollado muy rápidamente y que no podían hacer nada por salvar la vida de su hijo. Lejos de rendirse, Mari Flor López empezó a buscar a los mejores oncólogos. "Como madre no pueden pedirme que tire la toalla. A través de una cuñada pedí cita en la Clínica. Aquí los médicos nos dijeron que Toñín está muy mal. Pero si queríamos, lo intentábamos. Sólo nos hacia falta la financiación. Pedí ayuda en las televisiones porque si a mi hijo sólo le queda un año de vida quién me dice a mí que en ese año no encuentran algo que pueda frenar su cáncer".

Así, cuando los cerca de 4.000 vecinos de Fabero conocieron la desgarradora historia de la familia Ordóñez López y la de Toñín, no dudaron el ayudarles.

Las muestras de generosidad empezaron en el propio Ayuntamiento de Fabero, que donó 3.000 euros, y siguieron en la Diputación provincial de León, donde cada uno de los 25 diputados colaboró con 100 euros de su propio bolsillo. En total, entre las aportaciones de los vecinos, particulares e instituciones han conseguido más de 60.000 euros. "Si Toñín no se salva, el dinero que me están dando no lo daré a ninguna institución. Irá a parar a los padres con hijos que tienen cáncer y que apenas tienen medios económicos para desplazarse a los hospitales".

Las muestras de solidaridad con esta familia no acaban en León. También continúan en Pamplona. La asociación Ayuda de Ayuda a Niños Oncológicos (Adano) les ha cedido un piso mientras dure el tratamiento en la Clínica Universitaria.

¿Qué es la felicidad?

No tiene miedo a la muerte. Incluso dice que la ve como una liberación del sufrimiento. Mari Flor López cuenta que es feliz con muy poco. "Con tener a mis hijos, que me dicen que me quieren, a mi marido y mi casita, ya soy feliz. El pesimismo es un lujo en el que no puedo permitirme caer. Si yo caigo, mis hijos y mi marido también caen. He llegado a entender que no merece la pena reñir con nadie", dice con el rostro sereno la madre.

"Va a salir, lo tengo claro. Cada noche rezo para pedirle a Dios que me demuestre que existe y que obre un milagro con Toñín. Si salimos de esta le llevaré a un parque de atracciones para que cumpla su ilusión, conocer a Mickey Mouse".



Diario de Navarra

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